He de destacar que incluso para mí, sin formación psicológica específica ha sido relativamente sencillo captar las ideas y afirmaciones de Miller en estas obras.
"Su obra trata fundamentalmente sobre el maltrato infantil y sus efectos en la madurez, indirectamente abarca casi todos los campos del pensamiento, dotándolos de una nueva y asombrosa perspectiva nunca antes vista. Resulta vano hablar de desarrollo emocional, pensamiento positivo, amor universal o meditación si antes no exploramos con valentía la historia de nuestra infancia ni dejamos salir con lucidez el odio y la rabia que la mayoría tuvimos que reprimir —pero que inconscientemente desviamos en los demás— para ganarnos el afecto de nuestros padres, y que todavía en la madurez seguimos reprimiendo, ocasionándonos toda suerte de enfermedades físicas y mentales. Si las víctimas de una educación autoritaria no encuentran el valor de profundizar en su historia, de sacar su rabia mediante un profundo autoanálisis, seguirán proyectando su rabia contenida hacia personas sustitutorias"
Fuente: http://textosdealicemiller.blogspot.com.es/
De hecho, en algunos momentos ha sido abrumador debido a la cantidad de identificaciones personales de mi período infantil que he revivido y tenía que apartar la lectura por la intensidad de las emociones.
Por esto, y más que nunca, invito y aliento a leer a esta mujer, que aunque ya nos ha dejado físicamente nos regaló su magnifico genio a través de sus libros.
Os dejo una de mis partes preferidas:
"Hay que perdonar las injusticias padecidas, dice la religión: sólo entonces seremos libres para amar y quedaremos libres de odio. Esto es en sí mismo correcto, pero ¿dónde encontrar el camino hacia el verdadero perdón? ¿Puede hablarse de perdón si a duras penas sabemos lo que realmente nos hicieron y por qué nos lo hicieron? Y sin embargo en esta situación nos hemos visto todos cuando éramos niños. No podíamos comprender por qué nos humillaban, abandonaban y amenazaban […] Más aún, ni siquiera nos permitían darnos cuenta de todo lo que nos hacían, porque nos elogiaban esos malos tratos como medidas necesarias para nuestro bien. Ni el niño más perspicaz podrá captar semejante mentira si procede de los labios de sus queridos padres, quienes, después de todo, también le muestran otras facetas entrañables. Creerá que el tipo de tratamiento que le aplican es realmente correcto y bueno para él, y no les guardará rencor por ello. Solo que, cuando sea adulto, hará lo mismo con sus propios hijos para demostrarse a sí mismo que sus padres actuaron debidamente con él.
¿No es esto lo que la mayoría de las religiones entienden por respeto: castigar «amorosamente» al niño de acuerdo a la tradición de los antepasados y educarlo para que respete a sus padres? Pero un perdón basado en la negación de la verdad y que utiliza a un niño indefenso como válvula de escape, no es un perdón auténtico. De ahí que el odio no sea vencido por las religiones, sino más bien involuntariamente exacerbado. Al ser prohibido de manera drástica, el intenso odio infantil contra los padres se desplaza hacia otras personas o hacia el propio Yo, más no desaparece: todo lo contrario, gracias a la posibilidad -autorizada- de ser descargado sobre los hijos, acaba propagándose por todo el mundo como una epidemia. Por ello no debe sorprendernos que haya guerras de religión, aunque esto debiera ser, de hecho, una contradicción per se".
Elena Delgado.

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